La poeta y el castillo

Sentada mirando al horizonte del olvido y con la inquietud de comenzar una nueva historia, Virginia buscaba a lo lejos el murmullo de lo posible. Inspirar el encuentro con el futuro entonaba una nueva palabra y armonizaba una geografía más allá de Londres y de sus calles. 

Durante las noches de bohemia, en aquellas tertulias hasta la madrugada, se hablaba de un castillo y una poeta, de un jardín y un ensueño de amor. Las miradas apuntaban al ensamble de un laberinto cubierto de rosas blancas y a una historia brillante escondida en el jardín del Reino Unido. 

En el año de 1930, la protagonista de la novela “Orlando” encuentra debajo de un día de primavera el castillo que se instaló en su corazón y en su imaginación: “Lo que veo es sólo amor a primera vista”. Fue así como Vita, cubierta de un anhelo, comienza a trazar sus pasos hacia el lugar que entretejía su pasión y su oficio: el de la escritura y la creación simétrica de sus jardines. 

Al sureste del Reino Unido, en el corazón del condado de Kent, el Castillo de Sissinghurst, rodeado de una larga historia de abandono y de prisión, retrata en su geografía el símbolo que vigilia la brújula de su presencia. Icónica, histórica y poética, con setenta y seis escalones, existe ahí, unida al todo del castillo, una torre que atrapa miradas y guarda el estudio de la poeta. 

Con líneas cóncavas y trazos encontrados se contaba la historia de un jardín que por cada rosa que asomaba sus pétalos se despertaba el trazo de un poema.  

Fue así como el castillo de Sissinghurst y la magia que escondía aquella torre, se convertían en un lazo más del círculo de Bloomsbury y en el ensueño de la escritora londinense que dibujaba en su ático el trayecto hacia el castillo.

En Londres, rodeada del simple sentido de la ciudad, Virginia retomaba en un presente el recuerdo de aquel Londres de principios de siglo. Su segunda novela “Noche y Día” ¹ contrastaba la vida cotidiana de sus personajes. La novela hablaba de las relaciones entre el amor, el matrimonio, la felicidad y el éxito. Contaba las estrellas y hablaba del cielo, del río Támesis, de los paseos por las plazas y de los jardines. Revivir el recuerdo la llevaba a reencontrar el sentido del camino certero. 

Llegar al Castillo de Sissinghurst suponía desviar caminos. Desde la estación de trenes de Charing Cross en el centro de Londres, Virginia recomponía la ruta. Imaginar la noche y el día en donde las estrellas brillantes y el aroma del jardín llaman a la escritura, la llevaban a reinventar un compás que marcara el trayecto con precisión. 

La historia de Sissinghurst entrelaza un comienzo. Retomar los años treinta, cuando Vita y su marido el diplomático Harold Nicholson descubrieron y transformaron los restos de una serie de edificios de estilo Tudor, extendía el encuentro y el espacio de una sinfonía de colores y aromas. Trazaron líneas desde la imaginación con el sólo propósito de lograr ensamblar una combinación desigual, exquisita y verdadera. 

El jardín dividía superficies individuales, aunque vinculadas entre sí. Cada una tenía una belleza particular. Había un espacio de rosas blancas que envolvía el recuerdo de lo que quedaría. Existían también higueras y enredaderas, así como la ausencia de colores apasionados y a veces poco ordenados que descomponían la cadencia de una simetría secreta. Llegaba el otoño con lentitud y con la promesa de volver. 

Alejada del mundo y de un Londres que interrumpía sus silencios, Vita permanecía aislada en la magnificencia de aquella icónica torre que guardaba sus secretos. Dedicaba las horas a bosquejar en una libreta reflexiones sobre su jardín y a escribir cartas para lograr alcanzar un fragmento de lo que sucedía en aquel mundo que ensordece. 

Despertar en el bullicio de Londres y sus calles era el tiempo cotidiano de Virginia. La espera y la zozobra de un impulso que la llevara hacia el castillo se veía disuelta tras la continuidad de su escritura. Recibir cartas y amigos, revisar textos entre murmullos y voces, buscar momentos y recorrer el barrio implicaba el paso del tiempo en varios minutos.  

Fue así como una mañana de invierno sentada frente a la chimenea, Virginia recordó a aquella poeta que escribía poesía como escribía jardines y reflejaba en ellos lo que no tenía espacio en sus poemas.

El castillo de Sissinghurst envolvió un secreto y abrazó a una poeta. La simetría de un jardín que supuso un encuentro quedó oculto en las cuatro estaciones y en el ensueño de una nueva palabra.

1. “Noche y día” (título original en inglés Night and Day) es la segunda novela de Virginia Woolf publicada el 20 de octubre de 1919. 

 

* Como dato informativo: Tras la muerte de Vita Sackville-West en el año de 1962, la propiedad fue donada al National Trust for Places of Historic Interest  https://www.nationaltrust.org.uk/sissinghurst-castle-garden 

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