La Biblioteca y la ciudad

El suspiro de una voz que se diluye en el silencio y la caída de un libro desde el anaquel más alto desvía la atención del lector que revisa un mapa o de aquél que busca en los pasillos de la biblioteca la secuencia de su historia. Virginia conversaba con los libros desde su intuición y desde la convicción de que existía un secreto detrás de cada palabra. Las horas que pasaba en la biblioteca bordaban el instante de su voz detrás de las palabras.   

Descubrir el camino hacia la Biblioteca Británica implica recolectar el recuerdo y la memoria personal. Ubicada sobre la misma acera de la famosa estación de trenes Kings Cross, ¹ se convirtió en el año de 1997 en el mayor espacio público construido en los últimos 100 años en Gran Bretaña. Llegaron a la nueva biblioteca libros, manuscritos, mapas antiguos desde distintos sitios que los habían albergado durante años. Uno de esos lugares fue la Biblioteca del Museo Británico en donde debajo de una espléndida cúpula, ahí en las bancas escondidas, Virginia pasaba horas revisando libros y ensayos. Era en este espacio donde cotejaba palabras y entrelazaba ideas que resultarían en la escritura de su ensayo “Una habitación propia”. 

A partir de la conjunción del arte de leer y escribir, las salas de lectura que conforman la Biblioteca Británica se convierten en espacios privados en donde la cotidianidad se interrumpe. Entra el que quiere aprender, el que pretende recordar y el que busca su pasado para poder seguir. Virginia decía que todos los grandes escritores tienen una atmósfera preferida que los inspira. Para ella, encontrar ese espacio privado significaba componer el ritmo de una narrativa única, significaba definir el tiempo de su escritura y del silencio que la rondaba callada en su estudio. 

Para vivir la lectura se necesita de un espacio en donde esta y la vida se aíslen detrás de las propias emociones, aquellas que se han escondido en la zozobra de un mundo que ensordece. Los rincones de la biblioteca británica revelan el paisaje literario de Londres, ahí donde existe la historia de miles de libros inmortales, de libros jóvenes y de los que nunca se han perdido. Es recinto y morada de la Carta Magna y de los cuadernos de Leonardo DaVinci, del “Romeo y Julieta” de Shakespeare y los manuscritos de la novelista Jane Austen y el escritor James Joyce, de las partituras del compositor alemán Händel y de los trazos originales de varias canciones de los Beatles. Pero también es cómplice de los secretos y sueños de cada uno de los lectores que buscan un espacio, de las conversaciones que se gestan entre ellos y los libros, del momento en el que los dejan en los anaqueles y regresan al mundo que aturde y confunde. 

Los integrantes del grupo de Bloosmbury coleccionaban vivencias para plasmarlas en las paredes de su casa, de sus estudios, de sus andares y respiros. Crearon bibliotecas únicas dentro de sus espacios geográficos. El arte era la cotidianidad que los acompañaba. Virginia escribía junto con el silencio que circunda a una escritora. Vivía el talento innato de su esencia. A Virginia escribir le gustaba con una intensidad que alcanzaron pocos escritores. Es una de esas escritoras que mejoran al lector y lo hacen escribir en voz baja mientras lee. Y era así, como parte de su búsqueda y revuelo de ideas al caminar, que Virginia recorría las bibliotecas de Londres: “Escarbo en las bibliotecas públicas y las encuentro llenas de tesoros escondidos” Sin bibliotecas no existe ni un pasado ni un futuro.

Tropezando con palabras donde se dicen y se desdicen, se diluyen y se hunden, contemplar la vida a través de una textura literaria es el goce del lector que pasa varias horas en la biblioteca. Sin embargo, para Virginia el verdadero lector era esencialmente joven, ² lleno de curiosidad, aquel que camina por las calles y colecciona ideas. Volver a la biblioteca era plasmar en papel, ahora en silencio, el camino recorrido.  

Catorce pisos conforman la Biblioteca Británica, nueve por encima del piso principal, cinco por debajo. Los millones de visitantes y lectores se reparten entre salas de lectura y exposiciones. La escucha, la lectura, la escritura, la conversación son los atributos mágicos de cada esquina en esta biblioteca. Imaginar Londres desde una banca aislada mirando hacia el monumento central, la enigmática “Biblioteca del Rey” (King´ s Library) le devuelve al lector el sentido de su historia. 

La Biblioteca Británica está llena de las emociones y creaciones de Bloomsbury. Ellos que vivieron con la intensidad de los pasos que no se rompen mientras queden espacios vivos. Escuchar una grabación de la voz de Virignia en la que hace un elogio al uso de las palabras inglesas, saber que en alguno de los pisos, altos o bajos, conversan los ejemplares originales de “Al Faro” y “Tres Guineas”. También imaginar, al encontrar los álbumes con cientos de fotos tomadas por Ottoline Morrell, las conversaciones fotografiadas entre Lytton y Virginia sentados en una banca. Horas de silencio en donde se reviste y se repite la historia de esa mujer que sólo quería escribir. 

El entretejo de palabras que merodean en los diarios de Virginia, así como las cartas enviadas y recibidas entre ellos, extienden la sensación de un presente en el que cada lector pide un espacio para poder narrar su propia historia. Entre la magnitud de libros que alberga la Biblioteca Británica hay un gran ausente: el Orlando de Virginia. 

Dentro de la biblioteca queda trazado el primer paso que dio Mrs. Dalloway sobre la acera para caminar hacia una florería en Bond St. El 27 de junio de 1923 su título original era “Las Horas”. Dos años después se publicaría como Mrs. Dalloway y fue entonces cuando comenzó el trayecto que quedaría inmortalizado en un solo día.      

Y es aquí en alguno de los pisos de abajo en donde se queda la carta de suicido de Virginia. Silenciada y colocada justo antes del volumen de su novela “Entre actos” yacen sus últimas palabras escritas en vida, ahí en donde su mundo se paralizó y entre lágrimas y sueños grises se llevó el silencio de las calles que la escucharon. 

1. La estación de Kings Cross en donde Harry Potter aborda el tren hacia Hogwarts.

2. “Horas en una biblioteca” publicado el 30 de noviembre de 1916 en The Times Literary Supplement donde Virginia colaboraba como ensayista. Este material se encuentra en los Archivos de la Biblioteca Británica.

 

* Como dato informativo: Hay que recorrer el sitio web de la Biblioteca Británica: www.bl.uk

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