Aquella mujer que camina
por Londres
Guardó y perdió en un relámpago cada una de las siglas de su código postal. Fue lugar de creación sin límite y se perdió de un bombazo. El número 52 de Tavistock Square albergaba el pincel de Vanessa Bell y Duncan Grant en las paredes, Hogarth Press rotaba linotipos en el sótano y la mayor parte de las novelas escritas por Virginia Woolf componían el resplandor de la casa. Tavistock resonaría por siempre en la historia de Bloomsbury.
Ubicada frente a la plaza de Tavistock¹ , la casa 52 fue el hogar de los Woolf durante quince años (1924-1939) hasta que un bombazo destruyó gran parte de la misma. La estructura se desmoronó, pero el significado de todo lo que ahí sucedía en forma de escritura, de conversaciones y convivencia, de noches frente a la chimenea y amigos a la hora del té, quedó grabado en la correspondencia y en los diarios de Virginia. El nuevo domicilio armonizaba con una expansión de Hogarth Press; se emitían diversas colecciones e inclusive se llevó a cabo la publicación de las obras completas de Freud.
El 9 de enero de 1924, Virginia escribe en su diario: “En este momento, o hace quince minutos para ser precisos, firmé el contrato de arrendamiento de 52 Tavistock Sq. WC1, Londres. Me gusta escribir Tavistock … la casa es nuestra: el sótano, el cuarto de juegos con el jardín en la terraza, la vista de la plaza al frente y los edificios desolados detrás; y Southampton Rd. y todo Londres – Londres, una joya entre las joyas … música, conversaciones, amigos, vistas de la ciudad, libros, publicaciones, algo vital e inexplicable. Todo esto, ahora, está a mi alcance”² Y es así como Virginia visualiza la prosperidad creativa, el gozo y la convivencia que esta propiedad le daría por quince años ininterrumpidos.
Fue en este domicilio en donde Virginia escribió la mayor parte de sus obras: Mrs. Dalloway (1925), Al Faro (1927), Orlando (1928), Las Olas (1931), Los Años (1937) y Tres Guineas (1938), así como su breve ensayo “Una habitación propia” (1929) en donde plasma su famosa declaración: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción”. En sus diarios escribía sobre sus caminatas alrededor de la plaza mientras pensaba sobre la novela que estaba trabajando. La idea de haber regresado a Londres tras vivir en el suburbio de Richmond la llenaba, como lo escribía en sus diarios, de esa chispa creativa, a partir de la cual Mrs. Dalloway comienza a tomar forma en su cabeza como “aquella mujer que camina por Londres”.
Desde su estudio en los pisos de arriba de la casa y en donde su hermana Vanessa decoró las paredes del mismo, Virginia logra trazar los primeros pasos del trayecto de la protagonista, Clarissa Dalloway. Al calce de uno de los primeros borradores de la novela, Virginia plasma en líneas casi ilegibles: “Aquí en este manuscrito escribiré todo lo que quiera escribir sobre las calles de Londres”. Y es así, entre caminatas y días cubierta de las paredes de su colorido estudio, que Virginia comienza a delinear el camino que seguirá Mrs. Dalloway en su merodeo por la ciudad.
Dentro de este proceso creativo, Virginia teje minuciosamente una voz interna al ritmo de la novela. Explora el comportamiento del ser humano y su complejo mundo interior. Mrs. Dalloway camina siguiendo sus pensamientos, sus experiencias y sus recuerdos. Es así como Virginia logra expresar a través de su narrativa la cadencia con la que camina Clarissa por Londres, desde su casa en el lujoso barrio de Westminister hasta Bond St., en donde detrás de un edificio con cristales asimétricos se escondían las flores de su historia.
Con esta novela en particular, Virginia utiliza un estilo de narración que se conoce en inglés como stream of consciousness. El objetivo del mismo es colocar en un segundo plano a los personajes que aparecen en la novela para dar el protagonismo a quien la lee: entrar en la mente de los personajes para experimentar sus pensamientos desde dentro.
La trama transcurre en un día en donde pasa de la descripción del parque soleado a los pensamientos en un fluir continuo que no admite pausas: “Me gusta pasear por Londres – enfatiza Clarissa mientras camina por la ciudad – Es mejor que pasear por el campo.”
Escuchar los autobuses pasar, sentir la prisa de la ciudad y de sus habitantes, imaginar lo que vive y se mueve detrás de la neblina, intentar alcanzar la última parada del metro, perderse en las plazas que conectan los barrios y los museos que resguardan tesoros, interrumpir la mirada para cruzar sobre el río Támesis y regresar a lo cotidiano donde el caminar de Clarissa revive los destellos de una escritura con brillo.
Es así como Clarissa y su caminar por Londres se convierten en un ícono de la literatura.
La publicación de la novela (1925) a cargo de la editorial Hogarth Press, mostró a la sociedad intelectual la intensidad de la visión poética de Virginia, ya que además de la prosa novelística, presenta imágenes hasta entonces más propias de la poesía misma. También en esta novela presenta un ambiente más cotidiano y trivial. Clarissa Dalloway, una mujer de sociedad de mediana edad centra sus esfuerzos en organizar una fiesta.
Vita Sackville-West, a la que nunca le gustó Londres y ponía cualquier excusa para evadir pasar por ahí, elogia a Virginia por haber escrito Mrs. Dalloway. En una de sus cartas a la autora enfatiza que a partir de esta maravillosa novela su paso por Londres se ha vuelto innecesario.
Mrs. Dalloway se transforma en el clásico de Virginia. Circular por la mente de los londinenses y darle sentido a la movilidad de una ciudad que vive para escribirse, matizaba la escritura de una mujer envuelta de símbolos e imágenes. Fue así como trazó un camino que ha sido imposible evadir.
Y es así como Clarissa, una mañana de junio, sale de su casa para comprar flores. El Big Ben daba las diez y Clarissa cruzaba Victoria Street para seguir hacia St. James´s Park en donde se vislumbra el palacio de Buckingham. Cruza el parque y sigue hacia Picadilly con dirección al barrio londinense de Mayfair llegando a Bond St. en donde al fin compraría las flores para su fiesta.
Clarissa Dalloway nunca caminó por el barrio de Bloomsbury; ni por las plazas desde donde se escuchaba el sonido de sus pasos. Tampoco cruzó frente a la casa 52, lugar donde nació desde la mente de una apasionada caminante londinense que siempre caminó por Bloomsbury.
1. En 1968 se instaló en el centro de la plaza una estatua de Mahatma Gandhi.
2. Virginia Woolf, Diario 2, 282-3
* Como dato informativo: Con respecto a la novela de Mrs. Dalloway, la revista Time incluyó la novela en su lista de 100 mejores novelas en lengua inglesa entre 1923 y 2005. El Hotel Tavistock ocupa desde 1951 el lugar en donde se encontraba la casa de los Woolf.





